El lunes nos reunimos todo el personal de la Coordinación y de la Biblioteca Regional para discutir algunos temas alusivos a la paralización de los funcionarios públicos. Entre los temas tratados estaba mi visita a la Biblioteca N°200 de Hornopirén, la que estaba programada desde hace más de un mes.
Después de una larga discusión y de una votación a voz alzada todos los presentes apoyaron mi terreno, teniendo como principal argumento el que nuestra esperanza nos decía que el Gobierno -esa misma tarde- aceptaría la tan anhelada solicitud del 14,5% de incremento en nuestros salarios (más bien el 4,6%, porque el resto es la inflación).
El paro siguió, pero yo ya iba en el bus camino a Hornopirén. Los servicios públicos de Hornopirén también están en “paro indefinido”, pero Emerita -la jefa de la Biblioteca- solicitó autorización a la dirigenta municipal para realizar el taller, apelando a que los usuarios ya estaban comprometidos con la fecha y no había disponibilidad para más adelante. Tras la aceptación sólo se abrió la Biblioteca para recibir a los usuarios que participarían del taller.
Como siempre el enlace no nos acompañó. Los cuatro equipos de la Biblioteca funcionaron a su máxima capacidad, lo que significa tomarse al menos 5 minutos para cargar cada página. Imagínense el tiempo que nos llevó crear un slide show o comprimir una imagen en www.webresizer.com y ni hablar de cuando descubríamos un error ortográfico en algún texto. Todo un tema las Bibliotecas con conexión vsat!!!
Al menos esta vez no se nos cortó la luz y, gracias al buen tiempo, tampoco se nos cayó el sistema (sólo lo habitual).
No se imaginan cuán importante es en estos casos apelar a la paciencia de los usuarios, la que en este caso fue increíble.
Cada uno, un mundo por descubrir
Emerita convocó al taller a artesanos de la comuna. Debo reconocer que pensé me encontraría con los típicos productos de la zona, pero no es así, estos chiquill@s tienen una habilidad innata y si se creen el cuento pueden llegar muy lejos con sus creaciones.
Marcela Alvarez Culun insiste en que sus dos apellidos fueron mal registrados al momento de inscribirla en el registro civil. Alvarez lo escribieron si acento y Culun era Colun, como la marca de productos lácteos.
Marcela trabajó por muchos años en salmoneras de la región, pero desde hace poco más de tres meses que está cesante. Dice que siempre le gustaron las manualizadas, pero sólo este año comenzó a verlo como una oportunidad laboral, ya que ella y su pareja están sin empleo. Aún no se cree el cuento, la falta de confianza en sus capacidades se lo impide, pero me cansé de decirle que es buena en lo que hace, lo que podrán comprobar si visitan su sitio. Ahí encontrarán todo lo que hace en cuero de salmón, lanas y piedras.
Esteban Manquehual, el artista en madera y pintura, es
seco. Esteban nunca estudió la técnica, pero la ha ido desarrollando sólo gracias al instinto. Dice que algunos turistas le preguntan si sus cuadros son réplicas de Vincent Van Gogh, lo que no es así; quizás es uno de sus inspiradores, pero no son réplicas.
Lamentablemente no pude ver en vivo los cuadros de Esteban, porque durante los días que estuve en Hornopirén no abrió su taller. Sin embargo, le dije que apenas volviera lo iría a visitar.
La más risueña y comerciante del grupo sin duda es María Báez Subiabre. No se imaginan cuántas veces sonó el teléfono de esa mujer. Todo el mundo tiene algo que ver con ella. En un momento le dije: “Señora María, no me diga que también vende productos de belleza (su bolso tenía el nombre de una marca)”, ante lo que me contestó que sí, ya que había que “hacerle a todo”.
María es madre de 8 hijos, pero sólo vive con dos. No tiene tiempo ocioso, ya que lo ocupa casi todo en producir lo que le da el sustento. Vende: artesanías en cuero de salmón, ropa de lana natural y procesada, productos de belleza, empanadas, roscas, ropa a crochet, entre otros; además participa en talleres que le permiten mejorar sus conocimientos y potenciar sus habilidades.
María, al igual que Marcela, quedó cesante de su trabajo en una salmonera.
El Hotel gringo-chileno
No se crean que sólo en las grandes ciudades hay hoteles con nombre gringos, en Hornopirén también los hay. Un amigo me recomendó el Hotel Holiday Country, el que Emerita me confirmó por su buena hospitalidad y precios acorde a mis posibilidades. Cuento aparte: no puede ser que en esta época del año cobren 20 mil pesos por un alojamiento, quizás para los turistas de gringolandia está bien, pero para uno que va con la plata justa no es ningún chiste.
Les recomiendo este Hotel, por su atención y comida. El desayuno con pan amasado y queso fresco es lo mejor!!!
La novedad de Hornopirén, al menos para mí, es el gran mercado. En esta ocasión había sólo dos cocinerías abiertas, pero me bastó una para comer unas exquisitas empanadas de mariscos. Como no todo es perfecto y siempre tiene que suceder algo que forme parte de la anécdota, para probar esas empanadas debí esperar más de 30 minutos, porque justo se acabó el aceite. De todos modos, valió la pena la espera.
Más que productos laborales
Como se habrán dado en mi relato en un poco más de dos días de trabajo uno terminando conociendo parte de la vida de las personas con las que se encuentra en el camino, las que sin duda, contribuyen en mi crecimiento.
El no tener licencia de conducir es un cacho en términos de tiempo, pero me sirve muchísimo para comprender la vida de la gente con la que trabajo. Ahora entiendo porqué Emerita
llega como empolvado cada vez que va a Puerto Montt o por qué debe viajar el día antes para llegar a la hora a las reuniones (sólo hay tres salidas de buses en el día, siendo la última la de las 13:00 horas). Además, se conoce parte de contexto comunal: los tiempos, los intereses de la gente, las dinámicas sociales, las prácticas de comercialización, etc.
Debo reconocer que en este viaje pequé contra mi ética profesional. Maribella Vidal me va a asesinar, pero deberá comprender el por qué. Maribella, nuestra dirigente sindical, siempre nos habla de la probidad funcionaria, pero esta vez no pude rechazar el bolsito de tela de saco que me regaló la señora María y el juego de collar con aritos que me regaló Marcela. ¿Cómo poder decirles que no cuando te dicen “para que me recuerde”?. De todos modos, siempre recordaré estos días. Quizás no con la precisión que quisiera, porque la memoria es frágil, pero sí en la esencia, a lo que este blog ayudará.

Es uno de esos libros que te cautivan desde la primera oración. La narración del protagonista es tan envolvente que no quieres parar de leer. Bastó un vuelo desde Puerto Montt a Santiago y una tarde tirada en el sofá de la casa de mi amigo Camilo, para terminar el libro.
Gran relato
Gran experiencia la que compartes, Carmen. Así da gusto ser una esquirol. Y gracias por la historia. Biblioreando por Los Lagos está cada día mejor.
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Enzo Abbagliati
http://abbagliati.blogspot.com