Gracias al apagón recuperé a mi ángel de la guarda

Angel_de_La_Guarda_JPG.jpgÁngel de la guarda, dulce compañía, no me desampares de noche ni de día, no me dejes sólo que me perdería… ¿quién no recitó esto cuando niño?. Yo me lo sabía de memoria, pero ya sólo recuerdo hasta el “que me perdería”… quizás producto de mi olvido es que también el ángel se olvidó de mí… Por lo menos eso pensaba hasta el domingo recién pasado, más conocido como “el día del apagón nacional” por algunos y “el día en que volvió mi ángel de la guarda” para mí.

El domingo 14 de marzo venía de regreso desde Peralillo en el bus de las 17:00 horas. El bus NO directo a Santiago, porque el de las 17:30 horas, que se supone SÍ es directo tenía todos los boletos vendidos. 

Llegué a Santiago más temprano de lo que tenía presupuestado, lo que me puso contenta, pero lo que sigue a la detención del bus, no.

Llego al Terminal, me bajo del bus y se corta la luz en gran parte de Chile. ¿Qué hago ahora?, pensé. Mi reacción innata fue poner mi mochila contra la muralla más cercana y quedarme ahí hasta que volviera la luz. Llevaba 10 minutos y me di cuenta que no era la mejor decisión.

Me armé de valor y sin ver prácticamente nada, tomé mi mochila y salí del Terminal de Buses en busca de un taxi, porque bajo esas circunstancias ni pensar en una micro. En menos de una cuadra me ofrecieron celulares, billeteras y hasta carteras, y yo lo único que quería era un taxi que me llevara al departamento o, por lo menos, más cerca de él. Taxis había, pero mi capital no me hacía digna de tomar uno de ellos, ya que parece que el apagón les apagó la conciencia a esos taxistas también, porque de una tarifa mínima de $250 pasaron a una de $5.000 lo que significaba que por cinco estaciones de metros y cuatro cuadras debería pagar más de $10.000 y el pasaje de Peralillo a Santiago me costó $3.500. Una locura!!!

Nuevamente la gran pregunta, ¿qué hago?. Acercarme a un cajero automático en ese momento era entregarse en cuerpo y alma a los amigos que gentilmente me ofrecieron sus productos a módicos precios y caminar, era morir en el intento. Como en la Universidad no tuve el ramo de “operación comando” es que opté por seguir insistiendo en los taxis, con la idea de que -en algún momento- un taxista noble me cobrara la tarifa real.

Después de más de 10 taxis detenidos y de una cuadra más pensé que la misión estaba a punto de dejarme a mí. Mi MP3 me permitió saber que el apagón había sido generalizado y que la reposición del servicio era incierta.

Abrazaba a mi mochila al lado de un letrero de “locomoción colectiva” cuando se me acerca un hombre y me dice “tú venías en el bus de Peralillo”. ¡Hasta aquí llegué! Pensé de inmediato sin ni siquiera ver al hombre. En cosa de segundos escribí la tremenda  historia: el hombre me vio bajar del bus, me siguió y ahora que me ve sola me va a quitar todo lo que tengo (que no era más que mi mochila de BiblioRedes con mis útiles de aseo, ropa y unas revistas que me habían pasado mis padres para el camino).

El hombre se quedó parado a mi lado, así que tuve necesariamente que girar la cabeza. Ahí estaba él, con la polera color sandía. Su rostro me era desconocido, pero la polera no. Sí, esa polera la había visto en mi trayecto: era mi compañero de asiento, el que se había bajado corriendo cuando llegamos a Santiago.

Creo que el miedo no se me pasó en ese momento, pero por lo menos dije “éste es uno de los míos, de los buenos”.  El hombre me propuso que tomáramos un taxi juntos para abaratar costos. Tenía dos opciones: quedarme ahí hasta quién sabe qué hora o confiar en ese hombre que me hacía una interesante y económica propuesta. Opté por la segunda opción.

En cosa de minutos ya estábamos en un taxi camino a mi departamento. Por el camino supe que vivía Molineros; que venía de la ex casa de sus padres, ya que producto del terremoto habían perdido todo; que vivía en La Florida; que trabajaba en Santiago; que perdió el bus de las 14:00 horas que era el que acostumbraba a tomar cuando viaja al campo; que lo había hecho salir del metro al cortarse la luz y lo principal que supe de él es que en UN SUPER HOMBRE… Mi ángel de la guarda…

Llegamos a la dirección que di al taxista (mi departamento), le entregué el dinero que me correspondía, le di las gracias y corrí a obscuras a mi casa…

Cuando llegó la luz recuperé también la conciencia y me di cuenta que todo lo que me había pasado en cosa de menos de una hora. Pero lo peor es que me di cuenta que nunca le pregunté a ese hombre su nombre. Hoy lo lamento, por eso decidí escribir esto, porque si alguna vez llegara a dar con mis letras quiero que sepa que le estoy sumamente agradecida, que me ayudó sin siquiera conocerme y que su gesto demuestra que es una buena persona…

Ese día me di cuenta que me había reconciliado con mi ángel de la guarda, el que representado en un joven de Molineros hizo darme cuenta que, desde el domingo del apagón, dejé de estar sola...

 

angel_de_la_guarda.jpgP.D: Y se podrá materializar de esta forma algún día (Raúl, Kenita, es una broma)

 

 

 

 

 

 

muy buen relato Carmenere, a veces pasan esos momentos que le recuerdan a uno lo magica que es la vida, voy  a estar atento a si veo a alguien que se asemeje a la "encarnacion" de la foto...

Suerte te echaremos de menos.

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"Cada Hormiga es un centauro en su mundo de dragones"

...conocer las aventuras de Carmenere...

Aún rezó todas las noches con mis hijos el Ángel de la Guarda..."ni en la hora de mi muerte, amén"...creo que es lo que te falta ;-)

 

Sí algunas vez perdiste tu angel tu estrella siempre ha brillado y te ha guiado...

Te echaremos de menos...a falta de @carmenere bueno será el merlot jiji

 

 

Hola Carmen, te felicito por tu excelente blog.

cariños

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