El hermetismo y la soledad son la manifestación más clara de la timidez de Manuel Ormazábal, timidez con la que lucha a diario para no alejarse de los colectivos de arte y galerías de Copiapó. Este Comunicador Visual en Artes Plásticas egresó del Instituto de Arte Contemporáneo de Santiago, carrera de la cual no vive, pero por la cual vive… La muerte marcó su vida. De niño jugó en un cementerio y de grande buscó en ellos material para sus investigaciones, contenidos que recogió con su cámara fotográfica para luego hacer una interpretación antropológica, histórica y mítica de la huella de personas que han pasado por el mundo. Hoy, los juegos y la teatralidad de los bailes de la Fiesta de la Candelaria centran su atención, cuyo producto dice no será un documental, pero algo del formato tiene. Habrá que esperar…
- Manuel, tu currículo demuestra que durante los últimos años has dedicado
parte de tu trabajo a la investigación gráfica en cementerios del norte de Chile. Este escenario debe ser muy atractivo para la apropiación y reconstrucción visual, pero para ti, ¿qué significa este vínculo?
- Mi relación con los cementerios nace por simple fascinación, podría decir también que cuando niño viví cerca de uno e iba a jugar allí. Si bien las cosas son muy simples en su origen, el mundo que generan es de una complejidad aplastante y terminan creando una especie de universo fantástico en que ya no distinguimos la realidad de la fantasía. Esta serie de fotos constituyen -en principio- un acto de creación; es decir, de reinvención para luego descubrir sus contenidos antropológicos, históricos y míticos. La fotografía del muerto como huella de su paso por el mundo y luego reconocer todo un sistema de gestos y ritos que la puso allí y que nos hablan finalmente de nosotros mismos y del territorio donde vivimos. Podría citar para complementar esta idea una frase del poeta Argentino Antonio Porchia que dijo: “Quien no llena su mundo de fantasmas, se queda solo”.
- Entonces, esto tiene que ver con que en uno de tus Blogs te declararas “un recuperador o bien un investigador de imágenes que brindan ternura y terror”
- Por cierto, ya que esa frase trata de entender el reestablecimiento de un vínculo con los muertos como existía antiguamente, donde éstos compartían una cotidianidad con los vivos; parecía que participaban del mundo desde el otro plano y nos acompañaban. Hoy eso ha sido desplazado por una creciente desmitificación de nuestras costumbres, las negamos y adquirimos otras, olvidando nuestra propia esencia y se termina no sabiendo de nuestro pasado, de nuestro real origen. Por tanto, creo que el terror que nos produce nuestra propia muerte se entiende en la medida en que hemos perdido el sentido de lo trascendental y que ver la imagen de nuestro antepasado con ternura significaría trascender y recuperar el sentido de lo sagrado que nos salva del olvido, la miseria… en fin, de la finitud.
- En el año 1993 diste inicio al proyecto “Familiares que se pierden” para terminarlo el 2003. ¿Cuál fue el resultado de esos diez años de investigación?
- En realidad no sé si esta investigación haya acabado o se dé por concluida, ya que estamos frente a un trabajo que no es una tesis de escuela, sino de un viaje a una profundidad, a un abismo, que es -en rigor- nuestro propio abismo y misterio. Por tanto, no podría hablar de conclusiones, ya que sólo he vislumbrado un camino y lo he seguido, un camino que lo dejo y lo retomo en ocasiones para no perderme.
- En algunos cementerios se prohíbe sacar fotografías a las tumbas por política de su administración, así como hay familiares que tampoco permiten tomarle fotos a los suyos para resguardarlos. ¿Te enfrentaste a ese tipo eventos durante esos años de investigación?
- Es un problema que ha sido simple de solucionar, ya que hacía el trabajo en días de semana en que no iba casi nadie y llevando la cámara guardada. Claro, me han pillado y he tenido que dar explicaciones, pero afortunadamente he podido salir del escollo hablándoles de lo patrimonial, del arte etc. Creo que uno sabe que lo que realiza no es un sacrilegio y el otro también, dado algunos acontecimientos de atentados y oscuros ritos con los que -a veces- uno se encuentran y que corresponden a un aspecto terrible del espíritu humano desviado. Quizás más por simple debilidad que de real gusto por el mal; ojalá sea así, porque de lo contrario estaríamos frente ante un horror indescriptible.
- Tu proyecto fotográfico “La nueva enciclopedia visual” se caracteriza por la mezcla de recortes sacados de álbumes y folletos coleccionables de carácter enciclopédico. Más allá de la técnica, ¿qué hace diferente a esta apuesta visual de otras en las que también haces un viaje por los cementerios?
- Este proyecto o serie fotográfica se realizó simultáneamente con la de los “Familiares que se pierden” y que es una intervención con textos e imágenes de álbumes enciclopédicos a las mismas fotos de los muertos. Esto -por cierto- en un principio era un juego estético poético para luego transformarse en una especie de relato que, de alguna manera, hacía florecer un mundo lleno de nuevas posibilidades y aventuras. En consecuencia, otros imaginarios que podían hacer ver aspectos ocultos de una realidad muchas veces radical y fría sin posibilidad para la imaginación o el ensueño.
- “Siempre he pensado que Manuel Ormazabal hace fotografías para olvidarse de si mismo, pero simultáneamente, siempre he sentido que Manuel Ormazabal sacrifica su mirada para que el mundo se recuerde en la superficie oscura de sus ojos”, Mauricio Bravo, artista visual y docente univesitario. ¿Qué opinas de las palabras de Mauricio Bravo?, ¿te reflejas en ellas?
- Mauricio es un amigo de años, de los pocos que tengo; estudiamos juntos arte y creo que eso hizo posible que conociéramos aspectos de nosotros que, de alguna manera, nos determinan. Creo entonces que esa frase tiene sentido por eso, supongo que Mauricio escribió su texto -en principio- en calidad de amigo y luego de artista teórico, y eso le da una calidez y subjetividad al texto, pero a la vez de arriesgado análisis de una forma de expresión con aciertos y errores.
- ¿Cuáles son los proyectos que tiene en carpeta Manuel Ormazábal?, tendrán que ver también con la muerte y los cementerios?
- La muerte puede ser algo insistente en mis trabajos, pero he intentado abordarla desde otros aspectos; por ejemplo, he realizado un trabajo que se denomina “Compañía de exploraciones Atacama” y que son una serie de viajes al desierto, en plan de exploración como los que se realizaron en el siglo XIX, digo Domeyko, Claudio Gay, Darwin etc. Todo bajo los afanes del positivismo ilustrado, aunque mi versión es bastante particular, ya que -por cierto- no soy científico por lo que me quedaba con el aspecto épico y romántico de esos viajes. El resultado es una serie de imágenes que más que dar luces al mundo lo oscurecen o, para decirlo de otra manera, lo vuelven extraño. Bueno, es un trabajo que también a veces dejo y retomo más que nada por su costo logístico.
Hoy estoy en pleno trabajo de un proyecto distinto que tiene que ver con los bailes religiosos de la Fiesta de la Candelaria. No es necesariamente un trabajo documental, aunque lo parezca. En esta fiesta hay unos bailes que se denominan, pieles rojas, apaches, comanches, cheyennes etc. y lo que voy hacer es establecer relaciones de esos bailes con los verdaderos indios de norteamerica y los del cine, el western. Esto tiene mucho de juego y teatralidad, pero vamos a ver como queda.
** Entrevista publicada en la Comunidad de Contenidos Locales del Programa BiblioRedes (www.contenidoslocales.cl). Periodista: Carmen María Baeza.
